PANFLETO

¡LOS COMERCIANTES NO TENEMOS LA CULPA!

El fenómeno cotidiano del aumento de los precios no es, como uno pensaría, un incremento del valor de los bienes y servicios, sino una pérdida del poder adquisitivo de nuestro dinero.

Un billete no es riqueza. Los utilizamos como medio de intercambio por la confianza que inspiran (la fe en su futura aceptación) y la promesa del Banco Central de mantener su valor. El dinero que circula no tiene ningún tipo de respaldo (lisa y llanamente: son papelitos de colores).

Entonces… ¿cuál es la causa de la inflación? ¿Son los empresarios, como dice la izquierda? ¿Son los aumentos de sueldos y los sindicalistas, como dice la derecha? ¿Son los consumidores, tal vez? No, son los gobiernos.

Dado que el dinero se comporta como un bien más, a mayor cantidad de dinero en circulación, menor es su valor. Así, si el gobierno de turno tiene un nivel de gasto mayor que el de sus ingresos, y no quiere recurrir a medidas impopulares como endeudarse o subir los impuestos, imprime más billetes de la nada. Como la cantidad de bienes y servicios en los que podemos gastarlos no aumenta, los precios se reacomodan a la cantidad de billetes existentes, reduciendo así el poder adquisitivo de nuestro sueldo y licuando nuestros ahorros.

Esto ya pasó. Acordate de la hiperinflación con Alfonsín en el ‘89.

¿Qué te hace pensar que haciendo lo mismo vamos a tener resultados distintos?

El BCRA y el gobierno trabajando juntos

“Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados” - Albert Einstein


Seguramente llegaste a nuestra web por este afiche. Bienvenido.





¿QUÉ ES LA INFLACIÓN?

En el Capítulo 10 de su Crash Course, Chris Martenson analiza el fenómeno de la inflación. Video muy sencillo explicando qué es, cuándo se produce, por qué y quiénes son los responsables.

También, analiza la inflación durante la historia de EEUU, enmarcándola en los acontecimientos políticos de cada época.

Crash Course, cap.10, “Inflation”. © Chris Martenson chrismartenson.com





UN POCO DE HISTORIA

¿Cómo fue el proceso a través del cual los gobiernos se hicieron con el monopolio de la emisión monetaria?

Monopolio compulsivo de la emisión

(M. Rothbard, “Moneda libre y controlada”, Segunda Edición 1979. Parte 2, cap. 3)

Para que el gobierno pueda valerse de la falsificación para aumentar sus rentas, tienen que darse muchos pasos por el camino que aleja del mercado libre. El gobierno no podría presentarse sencillamente invadiendo un mercado libre en funcionamiento, e imprimir sus propios billetes de papel. De hacerlo de una manera tan abrupta, pocas personas estarían dispuestas a aceptar el dinero del gobierno. Hasta en épocas modernas, mucha gente de los “países atrasados” ha rehusado aceptar papel moneda, exigiendo comerciar sólo con oro. En consecuencia, la intromisión gubernamental tiene que ser más astuta y gradual. Hasta hace unos pocos siglos no existían bancos; de modo que el gobierno no podía valerse de la máquina bancaria para recurrir a la inflación masiva, como puede hacerlo hoy. ¿Qué podía hacer, entonces, cuando sólo circulaba el oro y la plata?

El primer paso de apreciable importancia que todo gobierno dio fue echar mano a un monopolio absoluto del negocio de emisión de dinero. Ese era un medio indispensable para conseguir el control de la provisión de moneda acuñada. La efigie del rey o del señor se estampaba sobre las piezas, y se propagaba el mito de que la acuñación era prerrogativa esencial de la “soberanía” del rey o el barón.

El monopolio de la emisión permitió al gobierno suministrar monedas en la denominación que él y no el público deseaba. El resultado fue que la diversidad de monedas que había en el mercado quedó necesariamente reducida. […]

Cuando adquirieron el monopolio de la emisión de moneda, los gobiernos fomentaron el uso del nombre de la unidad monetaria, haciendo todo lo posible por separar ese nombre de su verdadera base, consistente en el peso real de las monedas. También esto fue un paso importante, pues liberó a todo gobierno de la necesidad de someterse a las características del comercio de las monedas en el mercado mundial. En lugar de valerse de granos o gramos de oro o plata para las designaciones, cada gobierno fomentó el uso de su propio nombre, en favor de los supuestos intereses monetarios: dólares, marcos, francos, y demás. Este trastrueque dedenominaciones hizo posible el principal instrumento que tuvo el gobierno para falsificar las monedas: el envilecimiento.

El envilecimiento

(M. Rothbard, “Moneda libre y controlada”, Segunda Edición 1979. Parte 2, cap. 4)

Este fue el método que adoptaron los Estados para falsificar las mismas monedas que, con el declarado propósito de proteger enérgicamente el patrón monetario, habían prohibido que acuñaran las entidades privadas. En algunas ocasiones, el gobierno incurrió sencillamente en fraude, al rebajar ocultamente el contenido de oro con una aleación de inferior calidad, fabricando piezas de peso deficiente. Más característico fue que la Casa de Moneda fundiera y acuñara de nuevo todas las piezas acuñadas existentes en el territorio, devolviendo a los súbditos el mismo número de “libras” o “marcos”, pero con menor peso. Las onzas remanentes, de oro o plata, las embolsaba el rey, quien las utilizaba para solventar sus gastos. De esa manera, el gobierno hacía continuamente juegos malabares dando nuevo carácter al mismo patrón que se había comprometido a salvaguardar. […]

Un envilecimiento rápido y fuerte fue característica de la Edad Media en casi todo país europeo. Así es como en el año 1200 de la era cristiana la livre tournois francesa quedó fijada en 98 gramos de plata fina y para el año 1600 sólo contenía 11 gramos. Caso impresionante fue el del dinar, una moneda que tenían los sarracenos de España. Originariamente el dinar contenía 65 gramos de oro, por primera vez cuando fue acuñado en el siglo VII. Los sarracenos eran particularmente serios en asuntos monetarios y, a mediados del siglo XII, el dinar seguía conteniendo 60 gramos. En esa época, los reyes cristianos conquistaron España y, a principios del siglo XIII, el dinar (que entonces se llamó maravedí) quedó reducido a 14 gramos. Pronto ocurrió que la pieza de oro resultó demasiado liviana para circular, y fue convertida en una pieza de plata que pesaba 26 gramos de plata. Esta fue también envilecida y, para mediados del siglo xv, el maravedí tenía sólo 15 gramos de plata, resultando nuevamente de peso demasiado escaso para circular.

Muy pronto si el BCRA sigue el ritmo. Ya llegamos al extremo que los cajeros de depositos se traban porque la gente tiene que poner demasiados billetes en los sobres y las maquinas que se utilizan en todo el mundo no estan preparadas.